Olimerca.- Aunque el olivo es un cultivo típicamente adaptado al clima mediterráneo –caracterizado por precipitaciones escasas e irregulares tanto en su distribución temporal como en su intensidad–, la falta de agua ha sido históricamente el principal factor limitante de la productividad del olivar andaluz. Sin embargo, de forma paradójica, en determinadas campañas se producen episodios de lluvias prolongadas y de elevada intensidad que generan problemas relevantes en las explotaciones olivareras.
Estos eventos anómalos de precipitación pueden provocar un incremento significativo de la incidencia de enfermedades, así como asfixia radicular, daños físicos en la arboleda, erosión del suelo y dificultades en la realización de la recolección.
Estos eventos anómalos de precipitación pueden provocar un incremento significativo de la incidencia de enfermedades, así como asfixia radicular, daños físicos en la arboleda, erosión del suelo y dificultades en la realización de la recolección
En este contexto, la RAIF ha analizado los principales efectos negativos asociados a estas situaciones y las medidas preventivas que pueden adoptarse para minimizar su impacto. La Red de Alerta e Información Fitosanitaria recuerda que la mayoría de las enfermedades del olivar se ven favorecidas por condiciones de elevada humedad –cuyos periodos prolongados incrementan el riesgo de aparición de enfermedades fúngicas tanto de suelo como de la parte aérea del árbol– y temperaturas suaves.
Entre las enfermedades de suelo más comunes destacan la verticilosis y las podredumbres radiculares, mientras que en la parte aérea son frecuentes el repilo, el repilo plomizo y la tuberculosis del olivo entre otras.
Asfixia radicular
Las condiciones prolongadas de encharcamiento o los elevados contenidos de humedad en el suelo reducen la oxigenación del sistema radicular del olivo, pudiendo llegar incluso a provocar la muerte del árbol. La gravedad de este problema aumenta en aquellas zonas donde el agua permanece estancada durante largos periodos debido a la baja capacidad de infiltración del suelo, una situación habitual en terrenos con alto contenido en arcilla o con capas freáticas superficiales.
En los últimos años se han implantado numerosas plantaciones en terrenos muy llanos y arcillosos, lo que ha incrementado la aparición de marras por asfixia radicular, especialmente en olivares jóvenes. Estos árboles, con un sistema radicular poco desarrollado, presentan una mayor sensibilidad frente a episodios prolongados de exceso hídrico.
Frente a la asfixia radicular, la RAIF cita algunas medidas preventivas:
- Nivelar correctamente el terreno para facilitar la evacuación del agua.
- Implantar sistemas de drenaje que mejoren la infiltración en profundidad y la eliminación del exceso de agua.
- Realizar el acaballonamiento de las filas de árboles, evitando el encharcamiento en la zona radicular.
- Adoptar sistemas de manejo del suelo que mejoren su estructura, porosidad y aireación.
Daños físicos en los árboles
Las lluvias intensas, en muchas ocasiones acompañadas de vientos fuertes, granizo o incluso nevadas, pueden ocasionar diversos daños en la arboleda. Entre los más frecuentes se encuentran la inclinación de los árboles, que obliga a su recolocación y, en algunos casos, al aporcado y entutorado para reforzar la base del tronco.
También pueden producirse arranques totales o parciales de árboles. En estas situaciones se recomienda el arranque completo, el saneamiento del sistema radicular y la posterior replantación, reduciendo la copa para equilibrar la relación copa-raíz y asegurar el éxito de la operación. Asimismo, son habituales las roturas de ramas estructurales, que deben eliminarse mediante una poda adecuada para favorecer la regeneración de la estructura del árbol.
Los frutos también pueden verse afectados, especialmente por granizo o por la persistencia de humedad, lo que provoca una depreciación de la aceituna. En estos casos, la aplicación de tratamientos a base de compuestos cúpricos puede ayudar a minimizar los daños y prevenir infecciones.
Daños por erosión
La erosión hídrica constituye uno de los principales problemas medioambientales del olivar, ya que provoca pérdidas irreversibles de suelo fértil, el anegamiento de parcelas situadas en cotas inferiores, el deterioro de infraestructuras, la colmatación de embalses y un aumento del riesgo de avenidas y desbordamientos.
La magnitud de la erosión depende de diversos factores, como la cantidad e intensidad de las lluvias, la pendiente y longitud de la parcela, la textura y estructura del suelo y el grado de cobertura vegetal. En parcelas con pendientes elevadas y gran longitud, la erosión suele ser de tipo laminar en las zonas altas, mientras que en las partes bajas se favorece la formación de cárcavas.
Para prevenir esta erosión, la RAIF propone lo siguiente:
Diseño de la plantación
- En pendientes superiores al 15%, recomienda la plantación en bancales o terrazas.
- En pendientes entre el 8% y el 15%, aconseja la plantación siguiendo las curvas de nivel.
- En pendientes inferiores al 8%, recomienda disponer las calles perpendiculares a la línea de máxima pendiente, favoreciendo la evacuación del agua.
Manejo del suelo
- Implantar cubiertas vegetales o inertes que mejoren la infiltración, aumenten la porosidad y reduzcan la compactación del suelo.
- Reducir la intensidad de las labores, especialmente en parcelas con elevado riesgo de erosión.
Conservación de cárcavas permanentes
- Estabilizar los taludes mediante la implantación de especies arbustivas o, cuando sea necesario, mediante pequeñas obras de corrección.
Corrección de cárcavas temporales
- Realizar labores superficiales tras el invierno y restaurar los daños producidos en las cubiertas vegetales.
Dificultades en la recolección
No cabe duda de que la labor más afectada por los episodios de lluvias prolongadas es la recolección, ya que coincide con el periodo del año en el que las precipitaciones suelen ser más frecuentes y persistentes. Estas condiciones provocan retrasos en la cosecha, caída de aceituna al suelo, incremento de los costes de recolección y un deterioro de la calidad del aceite producido.
Para minimizar estos efectos, la RAIF recomienda adelantar, en la medida de lo posible, el inicio de la recolección, contar con una adecuada mecanización, preparar correctamente el terreno, diseñar de forma adecuada la plantación y formar los árboles con criterios que maximicen la eficiencia de la recolección.