Túnez sitúa el aceite de oliva en el centro de su estrategia económica

Olimerca.- Túnez ha dado un paso firme en la redefinición de su política agraria situando al aceite de oliva en el centro de su estrategia económica. En el último Consejo Ministerial, presidido por la primera ministra, Sara Zafrani Al Zanzari, el Ejecutivo dejó claro que la agricultura forma parte de la seguridad nacional, y dentro de ella, el sistema oleícola se consolida como un activo clave para sostener la balanza comercial y reforzar la autonomía alimentaria. 

Y es que, en un escenario marcado por la volatilidad de los mercados, las tensiones logísticas y el impacto creciente del cambio climático, el aceite de oliva emerge como uno de los pocos sectores capaces de generar divisas, empleo rural y estabilidad productiva. 

Modernizar el olivar para producir más y mejor 

La hoja de ruta 2026-2030 presentada por el ministro de Agricultura, Recursos Hídricos y Pesca, Ezzeddin Ben Cheikh, pone el foco en la base del sistema: el campo. El Gobierno plantea una renovación progresiva del olivar en las principales zonas productoras –costeras, centrales y del sur– con el objetivo de elevar la productividad y adaptar las explotaciones a un modelo más eficiente. 

El Gobierno activa una estrategia integral para modernizar el olivar, impulsar el envasado y reforzar su peso en los mercados internacionales 

Esta modernización no se limita a la estructura agronómica. También incluye una reorganización del tejido productivo, con mayor apoyo a las estructuras profesionales y un acceso más ágil a financiación. La intención es clara: dotar al sector de herramientas para competir en un mercado cada vez más exigente y garantizar su viabilidad a largo plazo. 

Más músculo financiero y relevo generacional 

Uno de los puntos críticos abordados por el Ejecutivo es el acceso al crédito. La estrategia contempla líneas específicas de financiación para cubrir tanto necesidades estacionales como inversiones de mayor calado, con especial atención a los jóvenes agricultores. 

Este enfoque busca corregir uno de los principales desequilibrios del sector: la falta de relevo generacional. Sin nuevas incorporaciones, el sistema oleícola pierde capacidad de adaptación y crecimiento. Túnez quiere evitar ese escenario reforzando el atractivo económico del olivar. 

El cuello de botella del almacenamiento 

El Gobierno ha identificado otro punto débil estructural: la capacidad de almacenamiento. La falta de infraestructuras adecuadas limita la gestión de campañas, expone a los productores a la volatilidad de precios y dificulta la planificación comercial. 

Por ello, la estrategia incluye el refuerzo de los sistemas de acopio y conservación, considerados esenciales para estabilizar el mercado interno, optimizar la salida del producto y reducir la dependencia de las oscilaciones internacionales. 

Sin embargo, el cambio más significativo se produce en el plano comercial. Túnez quiere dejar atrás su papel tradicional como proveedor de aceite a granel para apostar por el envasado y la construcción de marca. El objetivo es capturar mayor valor añadido en origen, mejorar los márgenes y posicionarse en segmentos de mayor calidad. Esta transición implica también una diversificación de mercados, con la mirada puesta en destinos emergentes donde el consumo de aceite de oliva sigue creciendo. 

A pesar de la ambición del plan, el Ejecutivo ha insistido en la necesidad de no dejar atrás a la base del sistema. Los pequeños productores seguirán siendo una pieza clave, y las medidas contemplan su apoyo en todas las fases: desde la recolección hasta la comercialización. Un enfoque que responde a una lógica territorial: el olivar no solo produce aceite, también sostiene empleo, fija población y vertebra amplias zonas rurales. 

El aceite de oliva como palanca de país 

Más allá del sector agrario, el mensaje del Gobierno tunecino es estructural. El aceite de oliva se consolida como una herramienta de política económica capaz de generar ingresos exteriores, reforzar la resiliencia del país y mejorar su posicionamiento internacional. 

Con la mirada puesta en 2030, Túnez apuesta por un modelo oleícola más moderno, competitivo y menos dependiente, en el que el valor añadido, la organización del sector y la capacidad de adaptación marcarán la diferencia en el mercado global.