Campo de girasoles en Aragón

Olimerca.- El girasol se está consolidando como un activo estratégico para el sistema agroalimentario español. Como la principal oleaginosa cultivada en nuestro país y el tercer cultivo herbáceo en importancia —sólo superado por la cebada y el trigo—, el girasol representa hoy un eslabón fundamental que conecta la excelencia agronómica con la demanda de una industria necesitada de producto nacional.

A pesar de su papel protagonista, la superficie cultivada en 2025 que alcanza las 662.000 hectáreas, se mantiene por debajo de los registros históricos del sector, que ha llegado a superar el millón de hectáreas en campañas de alta actividad. Esta diferencia respecto al promedio histórico de 700.000 hectáreas no refleja falta de demanda, sino una oportunidad latente para la profesionalización y la recuperación de superficie productiva.

Incrementar la superficie de siembra es una estrategia directa para mejorar la competitividad de las explotaciones agrarias, diversificar los ingresos y reducir la vulnerabilidad del mercado español frente a las oscilaciones de los precios internacionales.

El aumento de la superficie de siembra no responde únicamente a criterios agronómicos, sino a una necesidad económica nacional. España mantiene una dependencia estructural de las importaciones de oleaginosas. La industria española —líder en producción de aceites y harinas de extracción— demanda una materia prima de alta calidad y origen local que garantice la trazabilidad y la sostenibilidad, pilares exigidos actualmente por los mercados europeos.

Desde la Asociación Española de Girasol (AEG) se hace un llamamiento a los profesionales de la agronomía y a los gestores de explotaciones extensivas para apostar por el girasol en sus planes de campaña. La clave reside en la profesionalización: el uso de variedades de alto rendimiento, la optimización de las dosis de siembra y un seguimiento técnico riguroso son los elementos que convertirán el cultivo de girasol en una inversión rentable y sostenible.