Olivar en Suiza

Olimerca.- En las estribaciones de los Alpes, un cultivo mediterráneo empieza a abrirse paso: el olivo. Lo que hasta hace poco parecía algo impensable en la Suiza francófona, hoy se perfila como una nueva oportunidad agrícola, impulsada por el aumento de las temperaturas medias y la iniciativa de pioneros como Frank Siffert, enólogo y agricultor de Bonvillars. 

Es en este país con una arraigada tradición quesera y vitivinícola donde el olivo parece haber encontrado, por fin, un lugar donde echar raíces. Allí, el auge del olivar en regiones francófonas abre nuevas perspectivas para este país que importa anualmente unas 17.000 toneladas de aceite de oliva de países como España, Italia y Grecia. 

Un cambio climático que abre puertas 

Según MeteoSwiss, en 2024 la temperatura media en Suiza fue 1,4 ºC superior a la registrada entre 1991 y 2020. Estos inviernos más suaves han favorecido la expansión del olivar en cantones como Vaud, Ginebra, Neuchâtel y Jura, donde actualmente se contabilizan unos 4.000 olivos de entre 1y 14 años. 

“Los inviernos han sido menos fríos en las últimas dos décadas, pero podríamos haber comenzado antes; la gente simplemente no lo había pensado”, explica Siffert en declaraciones a Olive Oil Times, convencido de que la producción de aceituna en la Suiza francófona “aumentará drásticamente en los próximos años”. 

Selección de variedades

Si bien, por raro que parezca, el cultivo del olivo en Suiza no es nuevo. El cantón del Tesino, al sur del país, cuenta con unos 10.000 olivos y en 2020 produjo cerca de 2.000 litros de aceite de oliva virgen extra en los molinos de Sonvico y Losone. Desde 2021, el aceite del Tesino forma parte del inventario del patrimonio culinario suizo, junto a productos emblemáticos como el queso alpino o el pan de centeno. 

Los investigadores analizan qué variedades se adaptan mejor al clima alpino y a inviernos extremos como el de 2012, cuando se registraron 18 grados bajo cero

En el resto del país, los olivos se habían mantenido principalmente como árbol ornamental, pero el interés por la producción oleícola está resurgiendo con fuerza. Tanto, que Siffert y su equipo están analizando qué variedades se adaptan mejor al clima alpino y a inviernos extremos como el de 2012, cuando se registraron temperaturas de hasta –18 ºC. Entre las más comunes en Suiza destacan Lucques, Leccino, Tanche, Frantoio, Aglandau o Cipressino, aunque también se estudia la introducción de otras como la Moufla, capaz de soportar hasta –26 ºC. 

“El frío puede ser un enemigo, pero también un aliado, porque actúa como escudo frente a plagas y enfermedades”, asegura Siffert, que define al olivo como “el árbol indestructible”. 

Hacia un aceite de oliva “Swiss made” 

El paso siguiente será organizar la producción. Para ello, está prevista la creación de una asociación de olivareros en la Suiza francófona, que reunirá a unos 40 productores y cuyo objetivo será fomentar la innovación, garantizar la trazabilidad y optar a etiquetas de calidad para el aceite de oliva local. 

Siffert tiene claro que “será un producto local que se venderá muy bien, porque a los suizos les encantan los productos suizos. Además, el sello ‘Hecho en Suiza’ ofrecerá una garantía de calidad frente a los aceites extranjeros, que no siempre están controlados y garantizados”. 

“Es una oportunidad para el futuro de la agricultura local”, subraya Siffert, que sueña con que Suiza llegue a ser reconocida como un productor de aceite de oliva de alta calidad.