Atacama protege su AOVE frente al cambio climático 

Olimerca.- El aceite de oliva del Valle del Huasco entra en fase crítica. La combinación de sequía estructural y aumento térmico está empezando a tensionar los estándares de calidad de uno de los AOVEs más reconocidos de Chile. Para anticipar este escenario, el INIA Intihuasi –a través de su Centro Experimental INIA Huasco– lidera un proyecto estratégico orientado a proteger la calidad, la denominación de origen y la competitividad internacional del aceite atacameño

El foco técnico del proyecto se halla en dos variables clave: el contenido en polifenoles (antioxidantes) y el perfil de ácidos grasos, especialmente el ácido oleico. Ambos parámetros son determinantes tanto para la calidad nutricional como para la clasificación comercial del aceite. 

“Uno de los efectos más preocupantes del cambio climático en la agricultura es su impacto en la calidad de los alimentos. En el caso del aceite de oliva, puede afectar el contenido de antioxidantes y de ácido oleico, que son componentes fundamentales tanto para el producto como para la nutrición humana”, destacan sus responsables. De hecho, estudios preliminares ya apuntan a una reducción de estos compuestos, con impacto directo en la competitividad exterior. 

Adaptación normativa

El proyecto también pone el foco en la adaptación normativa, ya que los cambios climáticos –veranos más largos e inviernos menos fríos– podrían dificultar el cumplimiento de los estándares exigidos por el Consejo Oleícola Internacional y por la propia denominación de origen del Valle del Huasco. Así, la estrategia contempla generar base científica para posibles ajustes regulatorios que permitan mantener la certificación sin perder rigor. 

El objetivo es identificar etapas críticas del cultivo frente al estrés hídrico, la respuesta varietal a altas temperaturas y la relación entre riego y calidad final del aceite. Según los investigadores, “este ensayo evalúa cómo distintas dosis de riego afectan la calidad de la oliva y del aceite, y también cómo el estrés por altas temperaturas influye en la formación de compuestos clave, para así definir estrategias que combinen ambos factores”. 

A partir de los resultados obtenidos directamente sobre el terreno con unidades de validación en Copiapó, Vallenar, Huasco y Freirina, el proyecto busca definir estrategias de riego más eficientes, momentos óptimos de cosecha por variedad, selección de variedades mejor adaptadas y posibles blends que mantengan estándares de calidad. 

Todo ello con un objetivo claro: preservar el posicionamiento premium del aceite atacameño en mercados internacionales. 

Transferencia y adaptación: la clave del modelo 

La iniciativa, que cuanta con la financiación del Gobierno Regional de Atacama mediante el Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo (FRPD), incorpora un componente de transferencia tecnológica para facilitar la aplicación real de las soluciones en campo.

Con una duración de 42 meses, el proyecto apunta a algo más que la adaptación agronómica: proteger un producto con valor económico, cultural y territorial. Atacama se convierte así en un laboratorio de uno de los grandes retos del sector oleícola global: producir calidad en un nuevo escenario climático.