560 municipios olivareros italianos impulsarán el desarrollo sostenible de la olivicultura  

Olimerca.- Por primera vez, la red de 560 municipios olivareros italianos disponen de un documento estratégico que combina una visión de futuro con compromisos concretos para impulsar el desarrollo sostenible de la olivicultura de aquí a 2030. Se trata de la Carta de Calabria, un texto que se ha convertido en el principal legado de la Convención Nacional de la Città dell’Olio, celebrada recientemente en Corigliano-Rossano (Italia).

El escrito reivindica el olivar como un patrimonio estratégico por su contribución a la protección del paisaje, la biodiversidad, la salud y el desarrollo económico de las zonas rurales. Asimismo, pone en valor el papel del aceite de oliva virgen extra como uno de los pilares de la dieta mediterránea. 

Coincidiendo con el 80 aniversario de la República Italiana, el texto firmado ha sido redactado por el Consejo de Embajadores de la Città dell’Olio –personalidades de los ámbitos institucional, cultural y de la investigación reunidas por primera vez en sesión plenaria– y los compromisos concretos asumidos por las comunidades del aceite —redes territoriales que agrupan a municipios, productores, restauradores, escuelas y sociedad civil–.

Compromisos estratégicos

Entre las principales propuestas de la Carta destaca el reconocimiento de los paisajes olivareros y de las comunidades que los mantienen como infraestructuras estratégicas nacionales, reclamando políticas específicas para prevenir riesgos hidrogeológicos y garantizar el mantenimiento del territorio. 

El documento también solicita que los municipios olivareros sean reconocidos como actores institucionales de la cadena de valor y participen de forma obligatoria en las decisiones que afecten al patrimonio olivarero; al tiempo que defiende que la transición energética debe ser compatible con la conservación de los olivares históricos. En este sentido, reclama que las zonas declaradas no aptas para instalaciones de energías renovables mantengan esa protección sin excepciones. 

La Carta de Calabria recoge una batería de compromisos para proteger el patrimonio olivarero, reforzar la rentabilidad de las explotaciones, impulsar el relevo generacional y consolidar el papel de los municipios como actores clave en el desarrollo del sector

Además, propone la aprobación de una ley nacional sobre olivicultura social y recuperación de tierras abandonadas, el reconocimiento económico de los servicios ambientales que prestan los olivicultores y el impulso de la candidatura de la cultura del aceite de oliva italiana como Patrimonio Cultural Inmaterial. 

Sin embargo, uno de los ejes centrales del documento es garantizar la viabilidad económica de las explotaciones. La Carta advierte de que sin agricultores rentables no será posible conservar el paisaje, la biodiversidad ni desarrollar actividades como el oleoturismo. Así, para hacer frente al envejecimiento del sector y al abandono del olivar, plantea medidas como la elaboración de un inventario de variedades autóctonas, la recuperación de al menos una zona olivarera abandonada en cada comunidad del aceite, programas específicos para favorecer la incorporación de jóvenes agricultores y pactos territoriales contra la despoblación rural. 

Un compromiso institucional 

Según el presidente de Città dell’Olio, Michele Sonnessa, la Carta "no es solo un conjunto de reivindicaciones, sino un compromiso que las propias ciudades del aceite asumimos para convertir sus propuestas en acciones concretas". 

Para el alcalde de Corigliano-Rossano, Flavio Stasi, este documento demuestra que los territorios pueden liderar un modelo de desarrollo basado en la identidad, la sostenibilidad y la valorización del patrimonio olivarero, situando al olivo como motor de cohesión social y desarrollo económico. 

Finalmente, el subsecretario de Agricultura, Patrizio Giacomo La Pietra, mostró el respaldo del Gobierno a la hoja de ruta planteada, subrayando que la olivicultura constituye un activo estratégico para Italia, tanto por su peso económico como por su valor territorial, ambiental y cultural.