El olivar Picual: el gran secuestrador de carbono

Olimerca. Un equipo de investigadores del Instituto de Agricultura Sostenible del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IAS-CSIC) de Córdoba, en colaboración con el IFAPA Camino de Purchil y la Universidad de Córdoba, ha analizado la acumulación de biomasa y el almacenamiento de carbono en dos de los cultivos de olivo más extendidos en la cuenca mediterránea: Picual y Arbosana

El trabajo pone de relieve el potencial del olivar como sumidero de carbono, un aspecto cada vez más relevante en el contexto del cambio climático y de la sostenibilidad de los sistemas agrícolas. 

En palabras de la investigadora principal del estudio, Milagros Torrús Castillo, "a cuantificación precisa de la biomasa y de la acumulación de carbono en el olivo es fundamental para optimizar el manejo agronómico y evaluar su papel en la mitigación del cambio climático”. Ella ha añadido que “una comprensión integral de la acumulación y asignación de biomasa aérea y subterránea en cultivos leñosos es esencial para modelar su crecimiento, diseñar plantaciones más eficientes y seleccionar los genotipos más adecuados para condiciones ambientales cambiantes”. 

El Picual acumula más biomasa que Arbosana 

Publicado en Springer Nature, el estudio analizó árboles de 7,5 años de ambos cultivares mediante metodologías destructivas y no destructivas para cuantificar tanto la biomasa aérea como la subterránea. Los resultados muestran que el Picual presenta una mayor acumulación de biomasa, con una media de 36,5 kg por árbol, frente a los 27,5 kg por árbol en Arbosana. Esta diferencia se debe principalmente a que picual invierte más biomasa en tronco y ramas no primarias, mientras que Arbosana destina una mayor proporción a las hojas. 

En ambos casos, se constató que alrededor del 60% de la biomasa radicular se concentra en los primeros 25 centímetros del suelo y más del 55% en el cepellón, es decir, en la masa compacta de raíces

En ambos casos, se constató que alrededor del 60% de la biomasa radicular se concentra en los primeros 25 centímetros del suelo y más del 55% en el cepellón, es decir, en la masa compacta de raíces. 

En relación con el secuestro de carbono, los investigadores observaron que la concentración media ponderada de carbono alcanza el 47% en la biomasa aérea y el 42% en las raíces.

Sin embargo, a escala de plantación, el suelo es el principal reservorio de carbono orgánico, con aproximadamente 76 toneladas de carbono por hectárea, frente a 13–16 toneladas por hectárea almacenadas en la biomasa de los árboles. Así, la acumulación anual de carbono en el olivar se sitúa entre 1,68 t C ha⁻¹ año⁻¹ en Arbosana y 2,16 t C ha⁻¹ año⁻¹ en Picual, cifras que se encuentran dentro del rango habitual de fijación de carbono en agroecosistemas mediterráneos. 

El estudio también demuestra la utilidad de diferentes metodologías para evaluar la biomasa. Según Torrús, “el muestreo destructivo permitió captar mejor las diferencias entre cultivares en la asignación de biomasa y la acumulación de carbono, mientras que el método no destructivo resultó adecuado para su aplicación a gran escala. Estos resultados respaldan la integración de la asignación de biomasa y la permanencia del carbono en la selección de cultivares y en las prácticas de manejo, con el fin de mejorar el secuestro de carbono y la sostenibilidad de los sistemas de olivar”,  

Un cultivo clave para la sostenibilidad agrícola 

El olivar ocupa 11,3 millones de hectáreas en el mundo y está presente en 60 países de cinco continentes, representando cerca del 15% de la superficie global dedicada a cultivos permanentes, según datos de la FAO (2025). 

Ante el impacto del cambio climático sobre la agricultura —con aumento de temperaturas, cambios en las precipitaciones y mayor frecuencia de eventos extremos, según el IPCC—, los investigadores destacan la necesidad de identificar cultivares más resilientes y optimizar la capacidad del olivar para almacenar carbono. 

En palabras de la investigadora del IAS-CSIC, “estos resultados resaltan el doble papel de los olivares en el sostenimiento de la producción agrícola y la mitigación del cambio climático. Futuras investigaciones deberían explorar cómo integrar las características específicas de cada variedad en estrategias de manejo dirigidas para mejorar el secuestro de carbono en diversos sistemas de plantación”.